Índice global de innovación

Todos los años, INSEAD publica un índice con distintos parámetros para definir cuál es el grado de innovación por países:

Índice de innovación.

Dentro de que el resultado español no sea especialmente bueno, quedando de modo global en el número 30, hay algunas partes que lo hacen preocupante como, por ejemplo, la eficiencia del marco legal dentro del ámbito de los negocios donde se desciende hasta el puesto 67 :

http://www.networkedreadiness.com/gii/main/analysis/showdatatable.cfm?vno=1.3&countryid=109

Esto significa que, en ese capítulo específico, España queda detrás de países tan señalados por la calidad de sus instituciones como Ghana, Zambia, Mali, Malawi, Tanzania, Azerbajan, Arabia Saudí, Marruecos o Nigeria.

Si cambiamos de índice y vamos al peso que impone el marco regulatorio, la cosa es peor todavía. No estamos en el lugar 30 sino en el 107 inmediatamente detrás de países como Bolivia, Burundi, Costa de Marfil y Camerún:

http://www.networkedreadiness.com/gii/main/analysis/showdatatable.cfm?vno=2.2&countryid=109

Es peor todavía el índice referido al tiempo necesario para poner en marcha un negocio y, en este entorno, varios datos que sorprenden:

En calidad de las escuelas de negocios estamos en el sexto lugar mientras que en calidad del sistema educativo caemos a plomo hasta el puesto 77, detrás de Rumanía, Ghana, Lesotho, Etiopía, Malawi, Senegal, Nigeria, etc.

Parecería contradictorio, si no fuera por la observación de que las escuelas de negocios españolas tienen cada vez más extranjeros tanto entre los alumnos como entre los profesores. A lo mejor, nos estamos acercando a la triste situación de que el español medio salido del sistema educativo de su país no da el nivel suficiente para acceder a las escuelas de negocios del propio país que, mientras eso sea así, prefieren mirar hacia fuera. Tampoco hay que extrañarse demasiado cuando en buena parte del país se tienen serios problemas para estudiar en español -con el consiguiente deterioro del dominio del idioma- y hoy mismo había una sesión del Senado donde Sus Señorías se entendían a través de un dispositivo de traducción simultánea a pesar de tener todos ellos un idioma común que, al parecer, les resultaba molesto. Si esto lo llevamos al terreno de los contenidos, encontraremos fenómenos similares: Al colegial catalán el río Guadiana y su desembocadura en Ayamonte les sonarán a chino mientras que al colegial andaluz le ocurrirá lo propio con el Ebro y su nacimiento en Fontibre, cerca de Reinosa mientras que el madrileño sabrá describir con detalle el curso del Manzanares pero no el del Tajo.

No es un fenómeno exclusivo español. En Guatemala pueden encontrarse, en pueblos situados en las islas del lago Atitlan, indigenistas que defienden el uso de lenguajes específicos de esos pueblos y la eliminación del español. Naturalmente, si el intento triunfa, eso significa que los habitantes de estas islas no pueden salir de ellas porque sus padres y sus políticos les han impuesto una condena que se parece mucho a una pena de prisión. Tal vez sea por eso que Guatemala es uno de los ya no muchos países que todavía está por debajo de España en el terreno educativo pero hay que mantener la esperanza: Si se quedan quietos unos años, los alcanzaremos.

Animo a quien vea este comentario a que entre en los vínculos y saque sus propias conclusiones sobre dónde estamos y hacia dónde vamos.

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