Los políticos no se llevan bien con Linkedin
Hace unos días, un amigo me comentó que le había pedido el contacto en Linkedin a Mariano Rajoy y que lo había aceptado. Me picó la curiosidad y empecé a buscar perfiles públicos de políticos en Linkedin, empezando por el propio Rajoy. Lo primero que encontraremos, en gente que se supone que vive públicamente, es que ninguno de los más conocidos aparece como Open Networker y acceder a ellos supone realizar complicados equilibrios y facilitar que algún periodista, en un ataque de creatividad, pudiera publicar algo como esto que, como carnaza, no está nada mal:
Con esa salvedad, el perfil de Rajoy no es de los peores aunque tiene un detalle divertido: El periodo comprendido entre 1986 y 1989, fecha de la fundación del PP, aparece en su perfil como “miembro del Congreso de los Diputados” sin referencia alguna a Alianza Popular por aquello de los complejos centristas.
Rosa Díez tiene en su perfil 135 míseros contactos, lo que deja claro que no utiliza Linkedin como vehículo de comunicación pero, eso sí, todavía supera y por mucho a su competencia más directa, Albert Rivera que tiene ¡¡¡2!!! contactos, no tiene siquiera una URL personalizada y la redacción de su perfil no pasaría un examen de primaria con joyas como ésta: Habla catalán y castellano y tiene el nivel Advanced de inglés obtenido a la escuela de idiomas de Esade. Pues bien, incluso Albert Rivera supera a Esperanza Aguirre que tiene CERO contactos. ¿Para qué está en Linkedin entonces?
Algo más afinado está el perfil de María Dolores de Cospedal aunque sus 81 contactos sugieren que tampoco en su caso Linkedin es una vía de comunicación preferente. Por cierto, detalle simpático: Cuando se ven estos perfiles, no se piense que Linkedin los está homologando con otros políticos extranjeros sino que la información de Los usuarios también vieron saca a personajes como Cristiano Ronaldo, Lionel Messi o Risto Mejide. O Linkedin falla o no tienen un perfil muy claramente definido, dando lugar a este tipo de comparaciones.
La conclusión más obvia es que, si alguien busca hacer de la actividad política una profesión, al menos en España Linkedin no parece la vía más adecuada. En el extranjero, con variaciones, las cosas cambian. El perfil de Angela Merkel, también sin contactos, no tiene compañeros de viaje del mundo de la farándula:
También fuera de nuestras fronteras, Obama es ya otro mundo. Además de sus casi 900.000 seguidores en Linkedin, quienes han visto su perfil han visto también estos otros:
No es lo mismo ¿verdad? Añadamos que todos los movimientos que está haciendo Linkedin se van acercando más a convertirla en una red generalista aunque manteniendo una orientación clara al ámbito profesional o, dicho de otra forma, no es un portal de empleo ni un sitio donde sólo están los que buscan trabajo. ¿Entendido, señores políticos? Pues hala…trabajen un poco que no es malo.
Feminismo en la feria del libro
Visitando la feria del libro, encontré dos casetas que se anunciaban como feministas. Una de ellas anunciaba libros para mujeres y escritos por mujeres, lo que me recordó a algo tan poco feminista como la película Yentl que, para exhibir el estado de discriminación, tenía un vendedor que anunciaba “libros para mujeres”. La verdad es que no me detuve demasiado a ver qué libros tenían y no lo hice porque una “librería para mujeres” me genera el mismo rechazo que me generaría una “librería para hombres”. Simplemente, si quiero leer lo que alguien ha escrito me interesa mucho más lo que ese alguien tiene entre las orejas que lo que tiene entre las piernas.
Un poco después encontré otra de parecidas características pero, en este caso, no necesitaba detenerme a ver qué libros anunciaban. Tenían una gran profusión de fotografías de buen tamaño, en su mayoría de políticas españolas de izquierdas en la época de la II República…y ahí vino la sorpresa: Entre las fotografías, había una de Clara de Campoamor, defensora del voto femenino en la Segunda República y cuya foto parecería estar en el lugar correcto en una librería de tales características ¿no?
No. El PSOE de la época atacó de modo furibundo a Clara de Campoamor considerando su moción por el voto femenino como “una puñalada trapera a la República” (expresión literal utilizada por Indalecio Prieto) y colocó en el debate a la diputada socialista Victoria Kent…para oponerse a Clara Campoamor y a su petición del voto femenino. Es lo que tiene la historia; si lo que quieren es glorificar a figuras femeninas de izquierdas, tendrían que tener entre sus fotografías a Victoria Kent y no a Clara Campoamor, a la que desde hace años tratan de presentar como propia.
No, señoras y señores. La principal defensora de los derechos de la mujer -los de verdad, no la deriva para la que Pérez Reverte acuñó el término de feminazi- no era de los suyos sino que trataron de torpedearla. Tengan al menos la decencia de no tratar de apropiársela y reconozcan que uno de los principales dirigentes de su historia -jefe de los que ejecutaron un asesinato que sería el detonante de la guerra civil, con una estatua en los Nuevos Ministerios de Madrid y desde no hace mucho con una estación de tren con su nombre en Bilbao- fue el que dijo que darle el voto a las mujeres era una puñalada trapera a la República.
Preferiría que no hubiera librerías para hombres ni para mujeres pero, si quieren jugar a eso, al menos no tergiversen la historia.
Parábola penitenciaria para explicar la situación económica y política española
Supongamos un país donde hay gente que está en la cárcel y gente que está fuera de la cárcel. Fuera de la cárcel se encontrarían exclusivamente aquéllos que estén trabajando en asuntos que no tengan que ver con la cárcel aunque, a veces, les puedan comprar cosas los que están dentro de la cárcel. Dentro de la cárcel estarían todos aquellos que no tengan un trabajo productivo -pensionistas, niños, desempleados, etc.-, los que trabajan en temas relacionados con la cárcel y algunos, que trabajan en un edificio anexo, que ofrecen su trabajo tanto a la gente que está dentro como fuera de la cárcel -médicos, maestros, carteros, etc.-
El sostenimiento de la cárcel en su conjunto sale de lo que se les cobra con tal objeto a los que se encuentran fuera de ella. Es cierto que los que están dentro también tienen que pagar un canon pero este canon, sumado a lo que compran a los que están fuera de la cárcel, siempre será menor que lo que estos últimos tienen que proveer para el sostenimiento. Sólo hay una excepción dentro de la cárcel: Aquéllos que están en el edificio anexo y trabajan para los de dentro y para los de fuera -no valen aquéllos que se dedican a vender planos de la cárcel o a acompañar al visitante por sus pasillos sino los que realizan trabajos que, si no fueran provistos desde la cárcel, tendrían que ser provistos desde otros sitios.
Llega un nuevo gobernador y decide que la cárcel es insostenible. ¿Cuáles son sus opciones?
- Ampliar el presupuesto de la cárcel para comprar servicios a los que están fuera y reactivar la economía. Se ha intentado y no funciona; el dinero que se está pagando a los que están fuera de la cárcel como pago de sus servicios está saliendo del bolsillo de estos mismos. Siempre será mayor la cantidad que sale del bolsillo particular que la que entra en concepto de pago aunque hay una forma de hacer trampa: Comprar los servicios ahora y pagar más tarde. Se llama endeudamiento pero, claro, en algún momento habrá que pagar esa deuda añadiéndole los intereses y la lógica será idéntica aunque se haya utilizado el calendario para engañar: “Compro hoy y pago dentro de un año”.
- Pedirles más dinero a los que están fuera para que la cárcel sea sostenible. Se ha hecho y tampoco funciona. El dinero que se mete para el sostenimiento de la cárcel deja de ser utilizado en la compra de bienes y servicios fuera de ella haciendo que haya menos intercambios, disminuya la actividad y vaya entrando más gente a la cárcel bajo el epígrafe “desempleado”. Naturalmente, esto genera un círculo vicioso porque el número de personas en la cárcel crece y necesita más dinero para su sostenimiento.
- Pedirles menos dinero a los que están fuera para el sostenimiento de la cárcel: Es la receta liberal por excelencia y, aunque es contraintuitiva, podría funcionar siempre que los desequilibrios no sean demasiado fuertes y haya tiempo: El dinero que no se mete a la cárcel es usado para la compra de bienes y servicios permitiendo que se reactive la economía y necesitando más gente para producir tales bienes y servicios. De esta forma, se puede sacar a gente de la cárcel -desempleados- reduciendo su tamaño y haciéndola más fácil de sostener porque, además, el que sale pasa automáticamente a contribuir a su sostenimiento.
- Reducir el tamaño de la cárcel: Parece la solución más obvia y, sea la que sea la solución adoptada entre las anteriores, parece que ésta deberá aplicarse pero ¿cómo? También hay alternativas:
- Reduciendo los ingresos de los internos, es decir de las personas que no proveen bienes y servicios para otros. Esto puede hacerse directamente, reduciendo el ingreso- o indirectamente, provocando gastos que vayan directamente al sostenimiento de la cárcel.
- Endureciendo las condiciones de entrada a la cárcel como interno exigiendo más tiempo fuera de la cárcel para tener derecho a entrar dentro de ésta con cargo a su presupuesto.
- Reduciendo los ingresos de los que dirigen la cárcel. Ésta es una solución que se ha reclamado con frecuencia pero tiene un problema: Quienes tienen que adoptar tal medida serían sus principales perjudicados y hacen justamente lo contrario: No sólo no reducen sus ingresos sino que, en su caso, las condiciones de entrada a perpetuidad en la cárcel son mucho más generosas que las que tiene el resto de los mortales.
- Reduciendo los ingresos de los que trabajan en la cárcel. Esta solución ha sido aplicada junto con la reducción del número de personas que trabajan en la cárcel. Estas personas no salen de la cárcel sino que pasan a ser residentes de la misma en calidad de desempleados.
- Subir los precios de los servicios que se proveen desde el edificio anexo de la cárcel a los que están fuera de ella. Esto puede hacerse por vía indirecta: Reducir la cantidad o calidad de servicios prestados manteniendo su precio. Éstos son los llamados “recortes”; en algunos casos se puede llegar al virtuosismo de seguir cobrando servicios que ya no se proveen.
Naturalmente, la “cárcel” no es otra cosa que una forma de establecer un paralelismo con el sector público. No se puede sostener el sector público del mismo modo que, en nuestro ejemplo, no se puede sostener la cárcel. Sin embargo, todas las recetas que se han ido aplicando para solucionar el problema no funcionan; en unos casos no funcionan directamente y en otros casos hay un engaño consistente en jugar con los plazos: Endeudarse para pagar más adelante de forma que parezca que ahora no se está pagando.
Cuando se habla de “recortes” o de “austeridad” y todos los políticos, de común acuerdo, comienzan a hablar de “excesos en la austeridad” están omitiendo un dato fundamental: ¿Dónde debe haber austeridad? Sólo hay un sitio en el que sus efectos son menores para el conjunto: Reducir los ingresos de los dirigentes y asimilados mediante eliminación de puestos de confianza, instituciones y empresas inútiles, reducción de gabelas de los políticos, etc. Si se hace esto, subirá el desempleo pero, dadas las condiciones de estos ciudadanos, el coste de pagarles como “residente” será mucho más bajo que el de pagarles como “dirigente”.
La austeridad no es optativa sino que es una necesidad absoluta si se quiere que el conjunto sea sostenible pero no se puede ir cargando más peso cada vez sobre menos gente. Hay que aligerar el peso pero tan importante como eso es aligerar en el sitio correcto y no en otros. Lo de los “excesos en la austeridad” es un truco dialéctico de jardín de infancia que trata de ocultar algo muy simple: En lugar de recortar y hacerlo hasta el hueso en los lugares en que hay que hacerlo se ha reducido lo que recibe el ciudadano a cambio de lo que paga…y al mismo tiempo se le exige que pague cada vez más.
Contradicciones en la ley electoral española
La aparición de un ex-presidente criticando al Gobierno de su mismo partido y el anuncio de un destacado dirigente del abandono del mismo partido para fundar uno nuevo dan qué pensar. El difunto Tierno Galván dijo que las promesas electorales estaban para incumplirlas pero, incluso para eso, hay que tener cierto estilo y el actual Gobierno lo está haciendo de forma tan burda que está llevando a la rebelión entre los suyos.
No sé si Tierno Galván tenía razón en que las promesas “están para” pero, sea ése su objetivo o no, lo cierto es que se incumplen. Quizás uno de los casos más conocidos es el famoso “OTAN; de entrada no” que fue el eje de campaña electoral de Felipe González. El incumplimiento fue tan descarado que el Gobierno del PSOE se vio obligado a convocar un referendum -trucado por cómo se planteaba la pregunta pero referendum- para validar su cambio de opinión. El “Por el pleno empleo” de Zapatero ni siquiera puede calificarse de mentira sino de una bufonada típica del personaje. Sin embargo, entre los dos incumplimientos hay una diferencia notable: La primera habla de una medida concreta y la segunda de un objetivo genérico que pasa por la toma de un conjunto de medidas. Un político puede alegar haberse equivocado cuando no consigue el objetivo -y, en buena lógica, pagar el precio electoral por ello- pero no tiene justificación alguna para no tomar medidas instrumentales concretas que anunciase en su programa electoral. De ahí la necesidad del gobierno de Felipe González de convocar un referéndum mientras que, por el contrario, Zapatero siguió paseando su incompetencia sin que nadie le acusase seriamente del incumplimiento.
Llegamos al Gobierno actual y, entre las numerosas promesas, encontramos dos que son de carácter instrumental: No cobrar el IVA mientras no se cobre la factura correspondiente y bajar los impuestos. Medidas ambas instrumentales; no es un genérico “recuperación del empleo” u otras sino medidas concretas y, en lugar de ello, se incumplen ambas con descaro aludiendo a la situación de emergencia. Incluso se llega a argumentar que, de no haberlo hecho, España estaría intervenida. Veamos: Si los Bancos intervenidos reciben una inyección de dinero europeo y, en lugar de utilizarla para dar créditos y dinamizar la economía, la utilizan para comprar deuda pública…¿no es eso una intervención en toda regla? ¿Por qué un partido con mayoría absoluta, justo en el momento de llegar al poder, decide hacer exactamente lo contrario de lo prometido? ¿No afirmó poco tiempo después que el traspaso de poderes había sido “modélico”?
Sea como fuere, es un situación perfectamente equiparable al “OTAN, de entrada no” pero, en este caso, ni siquiera han convocado un referendum trucado. Que las discrepancias internas y las amenazas de rebelión ante los incumplimientos flagrantes e injustificados suban de tono es absolutamente normal; también lo es que algunos miembros del partido con cargo público decidan abandonarlo. Cuando así sea ¿deben permanecer en el cargo?
La utilización de listas cerradas hace que los diputados no tengan compromiso alguno con la zona a la que supuestamente representan sino con el partido que los ha colocado en lugares más o menos favorables de las listas. Cuando se produce -o se amenaza con- una rebelión por el incumplimiento del partido ¿deberían los diputados devolver su acta o tienen legitimidad para perseguir el cumplimiento del programa electoral con el que fueron elegidos bajo otras siglas? Si el sistema político español no se hubiera convertido en un patio de Monipodio, esta contradicción no se presentaría porque prevalecería el compromiso con los electores sobre el compromiso con el partido; la falta de democracia interna de los partidos y una de sus consecuencias, la existencia de listas cerradas, hace que tal contradicción pueda plantearse en el próximo futuro. Cuando así ocurra, sentémonos a disfrutar del espectáculo si no estamos suficientemente hastiados de él.
Limitaciones de velocidad en carretera: ¿Más lento es más seguro?
Los promotores de las reducciones de velocidad se empeñan en golpearnos con estadísticas que, según ellos, demuestran una correlación lineal entre la reducción de velocidad y la siniestralidad pero me gustaría aportar un punto de vista contrario. Tal punto de vista se basaría por un lado en una experiencia personal totalmente subjetiva y, por otro lado, en el conocimiento disponible sobre la relación entre el estado de activación y el nivel de estrés, representado en el siguiente gráfico y que nos muestra que el nivel de activación óptimo se logra cuando existe una cierta tensión. Tanto la tensión excesiva como la inexistente conducen a errores:
Mi experiencia personal, perfectamente compatible con lo recogido por el gráfico, consiste en que en una carretera sin complicaciones ni de trazado ni de tráfico ni meteorológicas y a una velocidad anormalmente reducida…me aburro y me resulta difícil mantenerme alerta. ¿Realmente vamos más seguros a 100 kms./h. que a 120 o a 140 kms./h.? Mi sensación subjetiva me dice que no; los conocimientos que tenemos sobre qué significa el nivel óptimo de activación nos dicen lo mismo y, sin embargo, las estadísticas parecen afirmar lo contrario pero, en realidad, hay trampa:
Supongamos que no existiera ningún límite de velocidad; encontraríamos que la diferencia de velocidad entre el que circula más lentamente -pongamos a 80 kms./h.- y el que circula más rápidamente -pongamos a 180 kms./h.- es de 100 Kms./h. A medida que vamos introduciendo límites de velocidad, el que circula más lento continúa a la misma velocidad pero las diferencias entre el más lento y el más rápido van disminuyendo y, por tanto, va desapareciendo un factor de riesgo: Las diferencias muy acusadas de velocidad entre los vehículos que circulan por una misma vía. Una señal muy común en las carreteras norteamericanas es ésta:
No pretendo poner como modelo a las carreteras norteamericanas precisamente porque conducir allí es mortalmente aburrido: Un coche automático, con programador de velocidad, en una autopista y a una velocidad limitada entre 70 y 110 kms./h. es una cura perfecta contra el insomnio pero, aunque podamos criticar los anormalmente bajos límites de velocidad, parece que sí han encontrado el origen del problema: No es tanto la velocidad como el rango de velocidades que puedan llevar los distintos vehículos. ¿Sería tan difícil establecer rangos de velocidad que, con la profusión existente de letreros luminosos, podrían llevarse incluso al nivel de carril y a modificarse en función de las condiciones?
La lógica que indica que cuanto más despacio se vaya menos fuerte será el golpe queda compensada con la que indica que cuanto más dormido se vaya, más probable es que se produzca ese golpe. Una utilización inteligente de los rangos de velocidad podría conseguir que se viajase a velocidades razonables y, además, sin perder seguridad.
Técnicas de manipulación
Hoy, involuntariamente, he montado un buen lío en Twitter cuando se me ha ocurrido publicar esto:
El tuit era una respuesta a otro de Hermann Tertsch donde mostraba su extrañeza porque Amnistía Internacional apareciera de la mano de alguien tan escrupuloso con el respeto a los derechos humanos como Ada Colau y -añado- es absolutamente cierto. Hace años estuve en Amnistía Internacional y me indignó la visión hemipléjica por la que las violaciones de derechos humanos eran tratadas de distinta forma según de quién vinieran.
Rápidamente he encontrado varias personas dispuestas a informarme de que en la base de datos de Amnistía Internacional hay mucho más que Guantánamo y la pena de muerte en U.S.A. y, desde luego, es así pero permítaseme añadir dos cosas:
- Una forma de manipulación muy utilizada consiste en “enterrar” la información donde se sabe que nadie la va a mirar mientras que las acciones y manifestaciones públicas van por otro lado. Es tan usual esta forma que la he encontrado en lugares tan diversos como el informe de un accidente de aviación, en el que se podían sacar unas conclusiones completamente diversas dependiendo de que se leyeran la introducción y las conclusiones o el cuerpo del informe y en un informe tan célebre como el del IPCC (Panel Intergubernalmental sobre el Cambio Climático) donde la introducción simplemente contradecía al cuerpo del informe. En el momento en que me retiré, Amnistía Internacional promovía diversas manifestaciones sobre Guantánamo mientras que, al menos en su actividad pública, se olvidaba del resto de la isla que no dudo figuraría en su base de datos.
- Ante la invitación a mirar la base de datos por parte de uno de los tuiteros, lo he hecho y me he encontrado que en España hay un “conflicto armado” que preocupaba a Amnistía Internacional quien pedía tratamiento adecuado para los presos de tal conflicto que, como puede suponerse, es el relativo a ETA. En primer lugar, hablar de “conflicto armado” significa asumir el discurso de una de las partes; en segundo lugar y mucho más indignante, no se puede llamar “conflicto armado” a algo en lo que una parte -siempre la misma- pone las balas y otra -siempre la misma también- pone los muertos. Quizás se pudo llamar como tal en la época de los GAL, donde había bandas en las que sus miembros se asesinaban unos a otros pero de eso hace más de veinte años.
Puesto que los 140 caracteres de Twitter no dan para mucha explicación, creo que merecía la pena aclararlo y ésta es la aclaración aunque, como sospechaba y los hechos me han demostrado después, es un intento ocioso. Hay mucha gente que prefiere razonar como Monty Python pero sin gracia.
El origen de la crisis al descubierto
Cuando ayer mismo recibí esta cita en un folleto publicitario, me resultó difícil de creer. Algunos no entienden que el compromiso no se rige por las leyes de mercado sino que en él funciona la reciprocidad más absoluta. No me resulta difícil de creer el dato aunque tenga serias dudas sobre el tipo de diseño que pueda realizarse para llegar a conseguirlo. Sin embargo, hay una pregunta mucho más serie que unos tantos por ciento arriba o abajo:
¿Qué porcentaje de las empresas muestra compromiso a largo plazo con sus empleados?
Insisto: Aquí no funciona el mercado y el compromiso es recíproco. O lo hay o no lo hay y son muchas, muchísimas las empresas que se llenan la boca con el capital humano como el mejor de sus activos a la vez que lo tratan como lastre del que desprenderse cuando es necesario. Sería interesante hacer el cálculo recíproco ¿o ni siquiera es necesario?
Spain was different: Los trabajos del futuro que viene…en el extranjero
No hace aún muchos años se comparaba la situación española con la norteamericana en cuanto a disposición a la movilidad se refiere. Un norteamericano medio podía cambiar de lugar de residencia siete veces a lo largo de su vida laboral mientras que un español, si podía, no cambiaba de residencia ni una sola vez. Me encuentro entre los que admiran el estilo de vida norteamericano en muchas cosas -por ejemplo, el respeto por el dinero público y su disposición a echar a patadas a cualquier político corrupto sea del signo que sea- pero esa disposición casi infinita a la movilidad es también responsable de algunas facetas negativas de la vida norteamericana, en particular, la tremenda soledad. Todavía me produce asombro que, semanas después del 11S, hubiera quien afirmase que aún no se podía cuantificar el número de víctimas porque podía haber algunas a las que nadie hubiera echado de menos.
En España siempre ha habido raíces familiares y sociales más profundas. En momentos críticos como el actual, esas raíces pueden llevar a que se rechacen oportunidades porque nos alejen del terruño y del entorno más cercano pero, en sentido positivo, seis millones de parados habrían producido ya un estallido social si no fuera por el soporte que muchos reciben de ese mismo entorno del que no se quieren separar. Ésta ha ido la situación hasta hace pocos años pero ahora puede observarse algo muy distinto:
La situación española recuerda a la estrofa de la canción de Serrat Escapad, gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer. La desesperanza ha llevado a muchos a buscar trabajo en el exterior con una fortuna muy diversa. No basta con una preparación técnica; en muchos casos se necesita además el dominio de un idioma -generalmente el inglés aunque el alemán está conociendo su primavera como segunda lengua- y una capacidad de adaptación a la forma de vida y costumbres del país de adopción.
En los últimos dos años, entre los profesionales a los que he asesorado sólo he podido encontrar a tres personas cuyo objetivo fuera la recolocación en España. El resto tenía claro que su futuro pasaba por la búsqueda de trabajo en el exterior. Algunos de ellos estaban perfectamente equipados para el proceso de adaptación que este cambio podía exigir pero otros podían haber pecado de optimismo sobre sus propias posibilidades. Si a alguien no le asusta el alemán y su tipo de formación se lo permite, Alemania puede ser una buena opción pero la forma de vida alemana difiere bastante de la española. Los países del golfo Pérsico pueden representar una gran oportunidad en el terreno económico pero, por distintos motivos, tanto ir solos como acompañados tienen sus dificultades específicas. Canadá es otra buena opción pero los inviernos canadienses pueden exigir mucho a un nacido en el Mediterráneo. ¿Sudamérica?….es otra historia. Para el español dispuesto a marchar, la eliminación de la barrera del idioma puede ser un buen incentivo pero es mejor que se haga a la idea de que el concepto mismo de Sudamérica es una entelequia. Sudamérica no existe…o, para ser más preciso, no existe como bloque de países más o menos homogéneos y que, por tener una lengua común, no son demasiado distintos de España.
Quizás a alguien le parezca exagerado pero podrían apreciarse más diferencias entre un argentino medio y un peruano medio que entre un español medio y un sueco medio. A pesar del idioma común, las diferencias entre países son muy importantes y, antes de dar el salto animados por la facilidad del idioma, es mejor enterarse bien de cómo es la vida tanto social como profesional en el país de destino. Aparte de la información que puede encontrarse en Internet, un viaje corto antes de aceptar una oferta puede ser una inversión interesante.
Todavía recuerdo una situación vivida hace bastantes años y sobre la que nunca agradeceré lo suficiente la prudencia de sus artífices: Tras pasar todas las fases de un proceso de selección, había un requisito formal que exigía que la entrevista final fuera llevada a cabo en las instalaciones de la empresa. El lugar era tan inhóspito desde todos los puntos de vista, incluida la lejanía de cualquier lugar civilizado, que muchos candidatos habían abandonado a las pocas semanas de tomar posesión del puesto y querían evitar que les volviese a ocurrir. No me llegué a incorporar al puesto.
Algunos candidatos tienen su particular cuento de la lechera: Si pudieran trabajar en una empresa española en el país de destino, las cosas serían distintas. Sin embargo, esto no es tan fácil; cuando una empresa española envía a alguien como expatriado, lo hace con alguien que ya conoce a fondo los entresijos de la empresa y que, por tanto, tiene su red de contactos hecha y esto le permite solucionar problemas con más facilidad de la accesible a un recién llegado con el que lo único que comparte es el pasaporte. Pueden darse casos excepcionales si alguien ha mostrado un conocimiento del sector o una capacidad para abrir mercado excepcionales pero esto no deja de ser la excepción. El expatriado, por norma, es alguien que ya está trabajando en la empresa y, si alguien busca trabajo en otro país, es mejor que no busque en España sino que lo haga directamente en el país al que dirige su búsqueda.
Con todo, la situación de los nuevos emigrantes es mucho más fácil que la de sus antecesores de las décadas de los cincuenta y sesenta. Tienen recursos de información para saber quién está contratando personas de su especialidad en determinado país y quién es la empresa que hace la oferta en el panorama mundial, incluso aunque no haya oído hablar de ella nunca antes. Hay recursos…pero hay que utilizarlos y no quedarse con estereotipos fáciles sobre lo que se va a encontrar ni pensar que uno es Superman y aguanta lo que le echen porque hasta podría encontrarse con su kriptonita particular. Investigación y prudencia…saltos en el vacío, los justos.
¿Por qué la gente del espectáculo es mayoritariamente de izquierdas?
El espectáculo de los premios Goya, que teóricamente trataban sobre cine pero se convirtieron en una plataforma política, mostró algunas conductas que a cualquiera que intente no dedicarse al aplauso ni al insulto fáciles le producirán perplejidad:
Que una persona vestida con un modelo de Dior de los caros y que hace poco tiempo ha hecho anuncios de hipotecas aproveche su momento en el escenario para protestar contra los desahucios queda extraño. Tan extraño como que un consejero de Cajamadrid puesto por UGT se apuntase a las manifestaciones contra los desahucios realizados, entre otros, por la entidad de la que el cobraba más de 180.000 euros al año.
Que otra persona diga defender la sanidad pública al mismo tiempo que su hijo y su nuera alquilan una planta entera en un carísimo hospital norteamericano, por supuesto privado, también descoloca.
Que alguien se burle del exilio fiscal de Gerard Depardieu sin mencionar nada de la feliz pareja aludida antes…pues eso, también resulta extraño.
No creo que nadie tenga derecho a exigirles que no disfruten de su fortuna y pedirles que, cual Urdangarín a su regreso, salgan a la calle con un Volkswagen Golf de 14 años porque eso ya sí que sería hipocresía abierta y sin atenuantes. Sin embargo, hay modelos de actuación muy distintos de la proclama política que tan querida les resulta a los autodenominados “gente de la cultura” en España: Bill Gates, en su día el mayor millonario del mundo, dejó de serlo gracias a las sustanciales donaciones de su fundación que mueve unas cifras de vértigo en ayuda a países y grupos desfavorecidos. ¿Ejemplos más cercanos? Amancio Ortega, español como prácticamente todos los protagonistas del espectáculo de los Goya, y su contribución a través de Cáritas. ¿Prefieren cercanía de oficio y no de nacionalidad? También la tienen: Brad Pitt y Angelina Jolie o viceversa, además de su innumerable familia por vía adopciones, prestan como mínimo su imagen a multitud de campañas en países pobres.
¿Por qué en lugar de estos medios que implican la acción directa y rascarse el bolsillo nuestros Goyas prefieren dedicarse al activismo político de salón? ¿Es ésa su contribución a los más desfavorecidos? Me reconocerán que les sale mucho más barata que las de los ejemplos que les he puesto. Por otra parte ¿piensan que es bastante la aparición de su exaltada imagen denunciando todo lo denunciable? Es discutible pero, si así es, denuncien siempre que haya algo que denunciar. Durante la etapa de Zapatero los protagonistas de los Goya de este año han estado mayoritariamente calladitos. ¿No había entonces desahucios? ¿No se agravó una situación simplemente negando que había una crisis y no actuando cuando aún era tiempo? ¿No había corrupción? ¿Por qué entonces callaban?
Juan Manuel de Prada daba una hipótesis: Exhibir bandera de izquierda permite mantener una imagen de revolucionario a la vez que se disfruta de los beneficios de la cercanía del poder. ¿Es eso? Por mi parte, me permitiré sugerirles algunas líneas de actuación para el futuro:
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Haber tenido suerte o talento en la vida no es malo y si, como consecuencia, son ustedes ricos no tienen por qué tener mala conciencia. Disfrútenlo.
- No estaría de más una acción más directa del estilo de los ejemplos en la que parte de su fortuna la pudiesen dedicar a atender a las causas con las que estén más sensibilizados.
- Si creen que contribuir con su imagen es más que suficiente, háganlo y denuncien siempre que haya algo que denunciar y no según quién o de qué partido sea la persona que vaya a quedar en evidencia por su acción o por su omisión.
- Hagan lo que quieran pero sepan que ejercer de revolucionarios de Chanel subvencionados resulta grotesco e hipócrita.
“Aftershock: The Next Economy and America’s Future” de Robert B. Reich (Una visión no liberal de la economía).
Hace tiempo, intenté leer un texto de economía no liberal y que se saliera de los clichés al uso tan queridos por los partidarios de economías más o menos planificadas. Cometí el error de escoger “Economía humanista” de José Luis Sampedro y, en contra de lo que esperaba, resultó ser un panfleto lleno de todos los lugares comunes al uso y con una característica que me resulta especialmente difícil de soportar: La visión hemipléjica que invita a justificar todos los desmanes de los que se consideran propios y crucificar por cualquier motivo a los que se consideran ajenos. No pude acabar de leerlo como se explica en el post reseñado más arriba.
Reich es distinto. Oiremos hablar bastante de él porque se está preparando una película -al parecer en una línea similar a Inside Job- basada en este libro y en la que denuncia la desigualdad creciente en Estados Unidos y sus consecuencias para el futuro. El análisis de Reich tiene partes que sorprenden por su lucidez, y sorprenden porque conviven con otras en las que de repente parece despeñarse por no se qué abismo ideológico o intelectual, aunque hay casos en los que se echa en falta el paso siguiente en las conclusiones.
Por ejemplo, su explicación sobre el mantenimiento del valor de la moneda china artificialmente bajo es sencilla, lúcida y, sobre todo, probablemente se ajusta mucho a la realidad: China es un polvorín que puede explotar si el desempleo crece y la forma de mantener o incrementar el nivel de empleo consiste en ser competitivos en el exterior a través de medidas monetarias…incluso cuando eso implique que los ciudadanos de lo que hoy por hoy es la fábrica del mundo no tengan acceso a gran parte de lo que ellos mismos fabrican.
Reich apunta que quien en realidad crea empleo no son las grandes fortunas sino las clases medias con su capacidad de consumo; si esa capacidad disminuye, disminuye también el empleo; sin embargo, esto que le parece una verdad autoevidente para Estados Unidos deja de parecérselo cuando se trata de China donde ese mismo hecho es puesto en la raíz de su crecimiento económico.
Llama de modo especial la atención la referencia que hace a Warren Buffett y cómo su carácter ahorrador es dañino para la creación de empleo porque, si gastase más, generaría más requerimientos de productos o servicios y, con ello, aumentaría el empleo. Sin embargo, al aplicar esa lógica Reich pierde de vista algo tan elemental que no parece creíble que se le haya pasado: ¿Tienen Warren Buffett u otros multimillonarios norteamericanos su dinero debajo de un ladrillo en lingotes de oro o en billetes de cien dólares? Si no es así, y cabría suponer que no lo es, el dinero está dedicado a actividades productivas y su consumo personal es completamente irrelevante para la cuestión. El dinero, salvo que esté guardado en una caja fuerte o en actividades totalmente improductivas, financia actividad y, por tanto, produce empleo.
En otro momento, dedicado a “unos minutos de publicidad”, Reich se refiere a “la sabiduría de los mercados” olvidando tal vez interesadamente que los mercados no son un ente a quien se pueda atribuir sabiduría ni idiocia sino que los partidarios de que se deje al mercado funcionar tienen una lógica bastante distinta: Cada uno sabe mejor lo que quiere y lo que necesita que un funcionario gubernamental al que se le den los hilos de la economía. “Los mercados” no existen sino que son los individuos los que tienen o no capacidad para elegir qué es lo que más les conviene.
Reich contrapone la receta de recuperación de Roosevelt tras la crisis de 1929 con las actuaciones llevadas a cabo tras la crisis de 2008 y llega a la conclusión de que el endeudamiento del Estado es positivo porque contribuye a inyectar capacidad de consumo en las clases medias y, por tanto, a revitalizar la economía., argumentos que podrían haberse utilizado en España para defender el “Plan E” y sus funestas consecuencias.
En suma, Aftershock es un libro con el que se puede discutir: Buenos análisis junto con otros que parecerían obra de otra persona distinta y mucho menos versada en economía que Reich. Se le pueden encontrar contradicciones y aquí se han señalado algunas pero en la otra orilla -la liberal- también las hay: Por ejemplo, la idea de la capacidad autorregulatoria de las sociedades basada en la libertad de cada individuo para elegir qué es lo que más le conviene resulta atractiva pero hoy plantea preguntas difíciles de responden: A la velocidad a la que se suceden los cambios ¿tiene la suficiente capacidad un sistema autorregulado para responder antes de que las situaciones se vayan más allá del punto en que todavía son controlables? Quizás alguien tenga respuesta para ello; yo no. Sin embargo, el endeudamiento del Estado como receta tiene implicaciones que no siempre se cumplen:
- Que el endeudamiento financie actividades productivas y que puedan relanzar una economía.
- Que exista alguien que vaya a comprar el producto de esas actividades y que esa compra no sea forzada a través de impuestos.
- Que el endeudamiento pueda realizarse a bajo precio.
Dar por supuestas estas condiciones puede ser aventurado en el caso americano. En casos como el español, como los hechos han demostrado, es simplemente ilusorio.










