La conjura de los locos

La poca información que va trascendiendo sobre la masacre de Niza trae más dudas que certezas. Vamos a plantear esas dudas en forma de hipótesis genérica:

Supongamos que cualquier tarado decide matar al mayor número de personas que pueda porque la voz de Dios así se lo ha ordenado. ¿Habría que hablar de terrorismo o de crimen religioso o simplemente de alguien que debería haber recibido tratamiento psiquiátrico en lugar de circular por la calle con riesgo para sí mismo y para los demás?

Supongamos, además, que hay una organización conocida por sus salvajadas y que puede resultarle suficientemente atractiva al tarado para, en lugar de un genérico “voz de Dios”, decir que ha causado la masacre en su calidad de soldado de tal organización.

Supongamos, además, que tal organización no tuviera ni noticia de la existencia de tal individuo pero, una vez cometido el crimen, da por buenas las alegaciones del asesino porque entiende que eso le viene bien como baza propagandística.

Supongamos, además, que desde todos los terminales políticos y mediáticos se da por bueno lo alegado por el asesino ya que su aserción ha sido avalado por alguien tan fiable como la organización de salvajes sin fronteras.

Pregunta: ¿No se le está regalando a esa organización asesina una inmensa baza de propaganda?

Desconozco, aunque es lo que parece, si la masacre de Niza responde o no a este hipotético modelo pero esta forma de actuar contribuye a lo que todo terrorista desearía: Esparcir el miedo por hacer creer que está en todas partes y lo controla todo.

Por cierto, la eventualidad de que los salvajes de DAESH no hubieran tenido nada que ver con la masacre de Niza no les hace mejores. No interpretemos estas dudas -como también se está haciendo cada vez que alguien las manifiesta- como una forma de apoyo o, al menos, de intento de suavizar la imagen de esas alimañas. Simplemente, es una nota de atención sobre el hecho de que se les estén regalando bazas propagandísticas cada vez que un loco diga actuar en su nombre: Le ponen el sello de “lobo solitario” y aceptan la alegación, tenga o no verosimilitud.

Se podrían hacer muchas hipótesis sobre los motivos de actuar de esa forma pero hay un principio básico que casi siempre funciona:

Nunca atribuyamos a la maldad lo que pueda ser explicado por la mera estupidez.

Ciudadanos está perdiendo otro tren; tal vez el último

Desde su creación hasta hace un par de años, Ciudadanos ha tenido una trayectoria impecable en lo que siempre han vendido como su motivo de estar en política: Regeneración.

Cuando, con su valiosa ayuda, UPyD prácticamente desapareció, las cosas empezaron a ser distintas: De repente a Ciudadanos le entraron ínfulas socialdemócratas e hizo un acuerdo absurdo con el PSOE para buscar la investidura de Pedro Sánchez como presidente.

Mucho del voto de Ciudadanos, tanto en las anteriores elecciones como en las últimas, puede ser transversal -de verdad, no de la transversalidad de todo a cien de Podemos- y estar compuesto por gente que pudiera haber votado PP o PSOE pero estaban hartos de la forma de funcionar. Puesto que, para muchos de esos votantes, pasar de casta a castuza no era una solución, Ciudadanos aparecía como la única opción disponible.

Sin embargo, ya en ese momento Ciudadanos había empezado a hacer cosas raras. Por ejemplo ¿Realmente un partido como Ciudadanos tiene que presentar a bombo y platillo un programa económico? ¿Tiene sentido que Ciudadanos entre en asuntos como la desaparición o la permanencia del impuesto de sucesiones? Cuando hace eso, se mete en una guerra que nunca ha sido la suya y para la que, además, no están preparados.

Si quieren ejercer de socialdemócratas, pueden afiliarse al PSOE; si quieren ejercer de derecha rara, pueden afiliarse al PP. ¿Acaso todo esto viene de que Rivera aspira a convertirse en el futuro líder del PSOE?

Qué sencillo sería todo si Ciudadanos se hubiera mantenido en su planteamiento original: Medidas de regeneración, exigibles a cualquier Gobierno sea de izquierda o de derecha ¿Programa de gobierno? El del partido que gane las elecciones, apoyado por Ciudadanos siempre que cumpla con esas medidas de regeneración.

¿Era tan difícil? Parece que sí porque el fiasco del 20D no bastó. En la noche electoral del 26J Rivera continuaba con su historia de plantear una reunión a tres donde se debían plantear temas en los que, con todos mis respetos, Ciudadanos no pintaba absolutamente nada.

Su marca, ésa que hizo que muchos les votasen y cuyo abandono ha propiciado que muchos les dejasen de votar, no es un programa de gobierno sino un programa de regeneración institucional y el apoyo al programa de gobierno de otro, sea quien sea, que resulte más votado y siempre que respete ese programa de regeneración.

No han querido darse cuenta y posiblemente han dejado pasar el último tren. Allá ellos.

El efecto Twitter

Mucha gente considera Twitter como un sitio poco serio y, por tanto, decide no tener una cuenta en Twitter. Grave error:

Muchos individuos y publicaciones muy conocidos tienen sus cuentas y publican regularmente contenidos. Es cierto que 140 caracteres no dan para mucho pero la cosa se pone más interesante si se considera que, dentro de esos 140 caracteres, puede haber vínculos a artículos recién publicados por ellos mismos.

Seguir a mucha gente es enloquecedor porque, a menos que se viva con la nariz pegada a la pantalla, se perderá información pero nuevamente hay una solución: Elíjanse los temas más interesantes y prepárense listas especializadas en esos temas. Una revisión diaria o semanal, según el nivel de actividad, será suficiente y, si se escogen los miembros de las listas con cuidado, se puede mantener uno actualizado sobre cualquier tema imaginable. Ni que decir tiene que se pueden añadir o quitar miembros de las listas.

En resumen, hay buenas razones para recomendar a alguien que tenga una cuenta en Twitter: Es un recurso valioso para mantenerse informado casi sobre cualquier tema. Ahora viene la parte más difícil: ¿Cómo debe ser la interacción en Twitter?

Mucha gente simplemente se mantiene en silencio. Siguen las fuentes que consideran interesantes y se acabó. Es una buena opción si no hay intención de compartir contenido propio. Puede encontrarse gente que utiliza sus propios nombres mientras otros prefieren no estar identificados, especialmente si tienen intención de participar activamente en discusiones sobre temas que puedan ser controvertidos y ahí precisamente aparece el lado oscuro de Twitter, un lado oscuro muy difícil de separar de la parte positiva.

Twitter es muy rapido. Por ello, medios tradicionales como la radio o la televisión lo utilizan como forma de mantener el contacto con sus seguidores y es frecuente ver una línea en televisión con un flujo de mensajes en Twitter. Esto les da a los programas sensación de actualidad y, al mismo tiempo, le da relevancia a Twitter, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos.

Una vez que Twitter aparece como algo relevante, mucha gente empieza a utilizar la red para sus propios objetivos. Por ejemplo, se utilizan cuentas falsas con bots diseñados para convertir cualquier tema de su elección en trending topic en cuestión de minutos. Cuando se actúa así, por supuesto, la información sobre la relevancia real de un tema está falseada porque hay gente dedicada activamente a esa falsificación y, por añadidura, no se necesita ser un gran experto en redes sociales para ello.

Ésta es una parte negativa pero hay algo aún peor: La interacción entre miembros de Twitter es muy animada. Es fácil identificar grupos -incluso hay aplicaciones que permiten hacerlo automáticamente- y hay una fuerte presión hacia la conformidad dentro de esos grupos. Sus miembros, buscando el aplauso de sus compañeros de grupo, presentan visiones cada vez más extremas sobre cualquier tema controvertido y las discusiones resultantes aparecen en los medios más tradicionales como tendencias confundiendo la caricatura Twitter con la imagen real de una sociedad, imagen que a su vez se ve afectada por la difusión de la caricatura como realidad.

Hay muchos ejemplos actuales pero el caso español y su situación política es paradigmático. Tenemos de todo: Bots convirtiendo cualquier cosa en trending topic y gente que va derivando hacia visiones cada vez más extremas en sus posiciones políticas, especialmente si se trata de cuentas no identificadas o se trata de líderes de opinión que no quieren decepcionar a su auditorio. Por añadidura, esto no es un efecto específicamente español sino que, si se sigue la campaña americana, se encuentran exactamente los mismos fenómenos: La velocidad de la interacción y la brevedad de los mensajes, sin mucho espacio para matices, pueden ser los factores determinantes de ese comportamiento.

En suma, Twitter es una herramienta valiosa para mantenerse actualizados sobre cualquier tema pero, al mismo tiempo, tiene facetas muy negativas cuya influencia trasciende Twitter. Estar dentro es positivo pero mantenerse activo es algo para pensárselo dos veces. Aceptar las tendencias que marca Twitter como reales es algo que debe evitarse y no sólo porque probablemente sean falsas sino porque, dándoles carta de naturaleza, se puede contribuir a que se conviertan en reales aunque originalmente no lo fueran. Quizás todos tenemos una tarea de evitar que eso ocurra porque, debido a la presión hacia la conformidad, suele ocurrir que la posición ganadora se le llevan precisamente las más impresentables tendencias y comentarios…sin distinción de adscripción ideológica o de cualquier otro tipo.

Lecciones que la historia nos repite

Para muchos el nombre “noche de los cuchillos largos” será algo parecido a una película de terror pero fue algo muy distinto: Fue el momento en que la parte más disciplinada de las hordas de Hitler liquidó a la parte más vocinglera, matona e indisciplinada de esas mismas tropas, es decir, la noche en que las siniestras SS decapitaron a las indisciplinadas SA.

Las SA o camisas pardas habían sido utilizadas por Hitler como una forma de implantar el poder real a través del matonismo consentido desde el poder político. Sin embargo, para conseguir eso, habían tenido que utilizar a gente de un determinado perfil -matones- fáciles de excitar por un descontento más que justificado y utilizar esa excitación en favor propio. Cuando los excesos de esa peña llegaron a poner en riesgo los objetivos de alcanzar el poder, simplemente fueron barridos por otros que estaban dispuestos a comportarse como un ejército presto a cumplir las órdenes -fueran éstas las que fueran- de su amo.

Una experiencia parecida se repitió en Irán donde las masivas y justificadas protestas contra el régimen del Sha serían rentabilizadas. El apoyo masivo y desordenado sirvió para traer una dictadura teocrática aún peor que aquélla a la que derribó y, por supuesto, todos aquellos que creían estar luchando por salir de una dictadura se encontraron, en el mejor de los casos, metidos en otra peor. Muchos de ellos simplemente fueron liquidados.

Aún más recientemente tenemos la mal llamada “primavera árabe” donde las rebeliones -nuevamente justificadas- contra el poder han traído en sitios como Libia o Egipto situaciones aún peor que las que contribuyeron a finalizar.

La historia es, pues, generosa en lecciones para evitarnos caer una y otra vez en el mismo error. El 15M -del que hoy se cumplirían casi cinco años puesto que la “M” es de mayo y no de marzo- podría dibujar una situación parecida: Protestas justificadas rentabilizadas por alguien de quien, a la vista de su conducta anterior y sus acompañantes, no cabe esperar una mejora de la situación sino la demostración fehaciente de que siempre hay un infierno peor.

Naturalmente, esto no puede ser una excusa para renunciar a cualquier tipo de acción porque las cosas podrían ser aún peores pero sí una razón para que no sigamos ciegamente al que enarbole la bandera de la crítica porque tal vez nos quiera llevar a un sitio peor que el que denuncia pero donde el abanderado tenga los resortes del poder en su mano.

Incluso los que se quieren presentar como “nuevos” tienen un pasado que, en muchos casos, es más que suficiente para apartarse de ellos lo más lejos posible. Es cierto que no podemos aceptar la corrupción como un estado natural de las cosas pero es igualmente cierto que no podemos esperar solución por parte de quienes aparecen como críticos pero, al mismo tiempo, muestran ser tan corruptos como aquéllos a los que denuncian y, además, sus modelos de acción se asemejan demasiado a nazismo, comunismo, fascismo y tantos otros “ismos” de infausta memoria.

Quizás más que un salvador que agite una bandera, lo que se necesita es exigir que se respeten las reglas de un funcionamiento democrático de la sociedad porque, si se hace así, no tendremos la garantía de un buen gobierno pero sí la de poder librarnos de uno malo, corrupto o ambas cosas.

Cualquier país puede soportar un mal gobierno siempre que tenga un mecanismo claro para quitárselo pronto de encima. Por eso, cuando se presentan situaciones límite no podemos caer en desastres ya vistos siguiendo al oportunista de turno sino que es el momento de olvidarse de las diferencias coyunturales -impuestos directos o indirectos, preferencia por lo público o por lo privado, intervención directa del Estado o permitir que la sociedad se autorregule…- e ir a los puntos básicos de regeneración democrática.

Si en lugar de esto se opta por dar primacía a los más ruidosos de la tribu, en lugar de regenerar la situación, veremos una vez más repetido el episodio de los “camisas pardas” sin otra perspectiva que la de verlos sustituidos por otros aún más salvajes que ellos, como ha ocurrido varias veces en la historia reciente.

Por qué el PP no debe abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez

Muchos electores creen/creemos que Rajoy es una rémora para el PP así como el PP lo es para la existencia de una derecha liberal, civilizada y que presente una batalla ideológica de la que ha desaparecido por completo.

Sin embargo, a veces incluso Rajoy puede tener razón y la tiene cuando da este argumento, tomado de la carta de respuesta a Albert Rivera, para no abstenerse en la investidura de Sánchez:

“Espero que lo entiendas”, insta Rajoy, que afirma que le sería muy difícil explicar a sus votantes que diera apoyo desde el partido más votado “a quien no ha ganado, para derogar todo lo que mi Gobierno ha hecho”.

Basta una sencilla revisión del acuerdo PSOE-Ciudadanos, es decir, el acuerdo completo y no los titulares interesados que se han ido publicando, para ver que el acuerdo pretende exactamente eso, dejando fuera la opción de la abstención por parte del PP.

Lo que sorprende en el acuerdo es, sobre todo, la disposición de Ciudadanos para tirar por la borda un capital político acumulado durante años en los que su comportamiento se ha asemejado más a una plataforma ciudadana que a un partido político y somos muchos los que creemos que así debería haber continuado: Exigiendo medidas de regeneración a aquél que tenga opciones de gobernar -sea más o menos de izquierdas o de derechas- y permitirle que gobierne con SU programa, sea éste cual sea, siempre que respete esas medidas de regeneración.

Si Ciudadanos se hubiera mantenido en sus principios fundacionales centrados en la regeneración institucional, el PP tendría difícil mantener una posición negativa, máxime cuando el propio Rajoy renunció por dos veces a la investidura. Sin embargo, Ciudadanos no ha hecho eso; Ciudadanos no ha puesto un conjunto de condiciones de regeneración a un programa elaborado por el PSOE sino que ha puesto su firma a un programa elaborado por el PSOE metiendo la pluma en algún punto de ese programa y, a cambio, renunciando a gran parte de sus principios fundacionales. Ciudadanos no debería tener nada que añadir o quitar a un programa PSOE o PP sino, simplemente, exigir como condición necesaria la toma de medidas de regeneración concretas y con fechas. En caso de incumplimiento, facilitar moción de censura. Es así de sencillo.

El PP podría e incluso debería unirse a un acuerdo centrado en la regeneración y que no hablase de nada más pero no es ése el contenido del acuerdo y, por eso, el PP no puede ni debe abstenerse.

El PP no puede -al igual que el PSOE no podría en idéntica situación- firmar un acuerdo con medidas de gobierno explícitamente opuestas a las suyas y donde se pasa de puntillas sobre temas claves como la independencia del poder judicial, se avala la acción de piquetes violentos mediante la despenalización en lugar de sacar la siempre ausente Ley de Huelga, se deja a las CC.AA. que hagan lo que quieran en lo relativo al idioma vehicular de la enseñanza, hay una tímida mención de cambio de la normativa electoral sin explicar con claridad en qué consiste, se habla de modo explícito de un “modelo federal”…y todo esto lo ha firmado Ciudadanos.

Que la política española parecía un centro de reciclaje porque dividía la basura por tipos sin dejar de ser basura ya lo sabíamos. Con este acuerdo, lo que se nos cae es el mito de un salvador que fuera a traer la regeneración. Se ha revolcado en la basura como todos los demás. Enhorabuena, Albert. Has sido una estrella fugaz; más fugaz que estrella para decir toda la verdad.

La banda de la porra en Twitter ¿Son sólo bots?

Hace sólo unos días se publicó con pruebas irrefutables como los chicos del nazipopulismo utilizaban bots, es decir, un montón de cuentas falsas de Twitter que transmitían los mismos mensajes al mismo tiempo. Estas cuentas son utilizadas para difundir los hashtags con las consignas del momento y convertirlas en el trending topic de turno.

Esto ya es sabido pero acabo de observar algo extraño y que podría tener el mismo origen, sobre todo teniendo en cuenta que siempre he sido abiertamente crítico con el nazipopulismo:

  1. Hace unos días, una persona empieza a seguir mi cuenta de Twitter. Me sorprende que tiene miles de seguidores y sus mensajes son absolutamente inocuos sin que pueda encontrarse ninguno con la menor relación con la política.
  2. Hoy me encuentro con otra persona que empieza a seguir mi cuenta. El perfil es idéntico; tiene miles de seguidores y los mensajes no sólo son inocuos: SON LOS MISMOS.

Naturalmente, la cosa huele mal y bloqueo a las dos. ¿Alguna idea?¿Son spammers o hay otro objetivo?

Política española: La síntesis de todas las miserias

Establezcamos un punto de partida: El hoy presidente en funciones, Mariano Rajoy, es alguien difícilmente homologable en la actividad política no sólo para los ajenos sino para muchos de los propios. Posiblemente esa situación tampoco sea nueva y ha quedado de manifiesto desde el primer día de su paso por la Moncloa e incluso en su etapa de oposición.

Puesto que jamás ha dado la cara, no resulta extraño que por dos veces se haya negado a la investidura, alargando hasta la náusea el proceso post-electoral. Cierto es que el segundo partido más votado, el PSOE, se negó a hablar con él de posibilidades para una posible abstención que facilitase el gobierno.

Siendo buenistas hasta más allá de lo razonable, se podría atribuir la actitud del PSOE y su líder Pedro Sánchez a la misma consideración con la que he empezado, es decir, que Rajoy no era una persona admisible como futuro presidente tras las elecciones. Sin embargo, hay un problema para pensar eso: Que es falso.

Tras las elecciones municipales y autonómicas, el PSOE -por órdenes directas de Pedro Sánchez- se apresuró a aliarse con quien hiciera falta con el único objetivo de expulsar al PP -no a Rajoy; al PP- de los lugares en que fuera la lista más votada. No ha tenido empacho en darle el poder a Podemos en una serie de lugares en que aparecía bajo otras marcas. En el caso de Madrid, incluso declinó una oferta de Esperanza Aguirre de gobernar el Ayuntamiento con su propio programa y sin condicionantes. En suma, no se trata de una aversión a Rajoy sino de una reedición del “cordón sanitario” de Zapatero.

Puede utilizarse la corrupción como excusa pero, de nuevo, nos encontramos el mismo problema: Que la excusa es falsa. El PP puede estar corrupto hasta las cejas pero el PSOE no sólo no le va a la zaga sino que probablemente le aventaja. ¿Qué decir de los Pujol? ¿Y de los sindicatos? ¿Y de las fuentes de financiación, no ya dudosas sino absolutamente claras, de la gente de Podemos? Hay muy pocos que puedan abanderar la regeneración. El PP y Mariano Rajoy no están entre ellos pero los otros tampoco.

Captura

Gráfica tomada de Twitter por cortesía de @cecae

Podría entenderse que se tratase de sacar de la vida política a Rajoy, entre otras cosas porque su miope estrategia de tratar de dañar al PSOE primero y a Ciudadanos después ha tenido como únicos beneficiarios a los representantes del nazipopulismo y, de esta forma, poder presentarlos como única alternativa a él mismo. Jugada sucia donde las haya y, desde luego, no le faltan razones al PSOE para hacer lo que pueda para desalojar a Rajoy.

Sin embargo, puesto que los hechos demuestran que la inquina del PSOE no iba contra Rajoy sino contra el PP en su conjunto ¿es razonable que ahora busquen la abstención del PP con la excusa de que, de no hacerlo, “no les queda más remedio” que aliarse con Podemos y sus palmeros nazionalistas y otros? No; cuando se le da a alguien con la puerta en las narices no se puede esperar después ser acogido con los brazos abiertos y una sonrisa, máxime, cuando se ha dejado claro con hechos que el recambio de Rajoy por otra persona más presentable no se considera una opción válida.

Hay una salida, como ya he escrito en otro post, y es que la abstención se produzca a cambio de algo y hay dos alternativas:

  1. Lo más obvio con Pedro Sánchez como candidato a la investidura, y que sin duda sería favorable para PP y PSOE, es que el PP exija la ruptura de los pactos municipales y autonómicos del PSOE con Podemos a cambio de su abstención.
  2. En caso de fracaso de Pedro Sánchez, el PSOE se vería sometido a una prueba, teniendo que demostrar si quiere otro “cordón sanitario” o no. El PP debería comportarse como un partido democrático y quitar a Rajoy de su posición, nombrando otro líder que buscase la abstención del PSOE. También podrían establecer contrapartidas municipales y autonómicas.

Por supuesto, hay una salida más -sin necesidad de que el PSOE repita lo que ya ha hecho en las elecciones municipales y autonómicas y se condene a su propia desaparición- y está en la repetición de las elecciones. Si así fuera, el esperpento que hemos padecido durante estos meses donde las ambiciones personales han estado muy por encima de los intereses nacionales e incluso de partido, probablemente seríamos muchos los que les haríamos una petición muy sencilla a los dos partidos aún mayoritarios: Rajoy, no. Sánchez, tampoco.

Política española: ¿Una salida digna para casi todos?

La hay:

  1. El PSOE puede conseguir gobernar y, además, distanciarse de Podemos y evitar ser fagocitado ya o en unas elecciones que se convoquen porque nadie consiga la investidura.
  2. Ciudadanos, después del patinazo de la campaña, puede aparecer como quien ha logrado el gran acuerdo y, de paso, como los más razonables y los más centrados. Por añadidura, tendrían la función de vigilar al gobierno resultante en el cumplimiento de los compromisos establecidos. En caso de incumplimiento, el PP siempre podría prestar su apoyo a una moción de censura.
  3. El PP…puede hacer una jugada maestra: Abstenerse pero a cambio de algo: Que el PSOE retire inmediatamente su apoyo a los gobiernos municipales y autonómicos que le ha regalado a Podemos. En algunos casos podría significar que algunos de esos gobiernos volverían al PP y, además, el PSOE escenificaría más el distanciamiento reduciendo el riesgo.

¿Quiénes serían los perjudicados? Podemos, que está apostando a unas nuevas elecciones porque las encuestas les auguran subida de escaños y los nacionalistas, que tendrían mucho más difícil el chantaje.

Es así de fácil. Falla sólo una cosa: Rajoy. Como en la película de Amenábar, está muerto pero no lo sabe y, como le ocurrió a Stalin, nadie se atreve a decírselo dentro de su partido.

Big Aviation is still a game of two players

And one of them, Airbus,  is celebrating its birthday.

Years ago, three major players were sharing the market but, once McDonnell Douglas disappeared, big planes were made by one of them. Of course, we should not forget Antonov, whose 225 model is still the biggest plane in the world, some huge Tupolev and Lockheed Tristar but the first ones never went out of their home markets while Lockheed Tristar could be seen as a failed experiment from the manufacturer.

Airbus emphasizes its milestones in the timeline but, behind these, there is a flow marked by efficiency through I.T. use.

Airbus was the first civilian planes manufacturer having a big plane with a cockpit for only two people (A-310) and Airbus was the first civilian plane manufacturer to introduce widely fly-by-wire technology (the only previous exception was the Concorde). Finally, Airbus introduced the commonality concept allowing pilots from a model to switch very fast to a different model keeping the rating for both.

Boeing had a more conservative position: B757 and B767 appeared with only two people in the cockpit after being redesigned to compete with A-310. Despite the higher experience of Boeing in military aviation and, hence, in fly-by-wire technology, Boeing deferred for a long time the decision to include it in civilian planes and, finally, where Boeing lost the efficiency battle was when it appeared with a portfolio whose products were mainly unrelated while Airbus was immerse in its commonality model.

The only point where Boeing arrived before was in the use of twin planes for transoceanic flights through the ETOPS policy. Paradoxically the ones in the worst position were the two American companies that were manufacturing three engine planes, McDonnell Douglas and Lockheed instead of Airbus. That was the exception because, usually, Boeing was behind in the efficiency field.

Probably -and this is my personal bet- they try to build a family starting with B787. This plane should be for Boeing the A320 equivalent, that is, the starter of a new generation sharing many features.

As a proof of that more conservative position, Boeing kept some feedbacks that Airbus simply removed like, for instance, the feeling of the flight controls or the feedback from autopilot to throttle levers. Nobody questionned if this should be made and it was offered as a commercial advantage instead of a safety feature since it was not compulsory…actually, the differences among both manufacturers -accepted by the regulators as features independent of safety-  have been in the root of some events

Little-size Aviation is much more crowded and, right now, we have two new incomers from Russia and China (Sukhoi and Comac) including the possibility of an agreement among them to fight for the big planes market.

Anyway, that is still in the future. Big Aviation is still a game of two contenders and every single step in that game has been driven by efficiency. Some of us would like understability -in normal and abnormal conditions- to be among the priorities in future designs, whatever they come from the present contenders or from any newcomer.

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A comment about a good reading: Air Safety Investigators by Alan E. Diehl

Some books can be considered as a privilege since they are an opportunity to have a look at an interesting mind. In this case it’s the mind of someone who was professionally involved in many of the air accidents considered as HF milestones.

The author, Alan Diehl, has worked with NTSB, FAA and U.S. Air Force. Everywhere, he tried to show that Human Factors had something important to say in the investigations. Actually, I borrowed for my first sentence something that he repeats once and again: The idea of trying to get into the mind of the pilot to know why a decision was made.

Probably, we should establish a working hypothesis about people involved in an accident: They were not dumb, nor crazy and they were not trying to kill themselves. It would work fine almost always.

Very often, as the author shows, major design and organization flaws are under a bad decision driving to an accident. He suffered some of these organization flaws in his own career by being vetoed in places where he challenged the statu quo.

One of the key cases representing a turning point for his activity but, regretfully, not for Aviation Safety in military environments happened in Gulf war: Two F15 planes shooted two American helicopters. Before that, he tried to implement CRM principles in U.S. Air Force. It was rejected by a high rank officer and, after the accident, they tried to avoid any mention of CRM issues.

 Diehl suffered the consequences of disobeying the orders about it as well as whistle-blowing some bad Safety related practices in the Air Force. Even though those practices represented a big death toll that did not make a change.

As an interesting tip, almost at the end of the book, there is a short analysis of different reporting systems, how they were created and the relationship among them. Even though, it does not pretend to be an important part in the book, it can be very clarifying for many people who can get lost in the acronyms soup.

However, the main and more important piece of the book is CRM related: Diehl fought hardly to get CRM established after a very well-known accident. It involved a United DC-8 in Portland, who crashed because it ran out of fuel while the pilot was worried about the landing gear. That made him delay the landing beyond any reasonable expectation.

It’s true that Portland case was important as well as Los Rodeos and Staines cases were also very important as major events to be used as inputs for the definition of CRM practice. However, and that is a personal opinion, something could be lost related with CRM: When Diehl had problems with Air Force, he defended CRM from a functional point of view. His point, in short, was that we cannot admit the death toll that its absence was provoking but…is CRM absence the real problem or does it have much deeper roots?

CRM principles can be hard to apply in an environment where power distance is very high. Once there, you can decide if a plane is a kind of bubble where this high power distance does not exist or there is not such a bubble and, as someone told me, as a pilot I’m in charge of the flight but the real fact is that a plane is a barracks extension and the higher rank officer inside the plane is the real captain. Nothing to be surprised if we attend to the facts under the air accident that beheaded the State in Poland. “Suggestions” by the Air Force chief are hard to be ignored by a military pilot.

Diehl points out how in many situations pilots seem to be inclined to play with their lives instead of keeping safety principles.  Again, he is right but it can be easily explained: Suppose that the pilot, in the flight that crashed with all the Polish Government onboard, rejects the “suggestion” and goes to the alternate airport. Nothing should have happened except…the outcome for the other option is not visible and everyone should find reasons to explain why the pilot should have landed in the place where he tried to do it. His career should be simply ruined because nobody would admit the real danger under the other option.

Once you decide, it’s impossible to know the outcome of the alternate decision and that makes pressure especially hard to resist. Then, even if restricted to the cockpit or a full plane, CRM principles can be hard to apply in some organizations. Furthermore, as Diehl suggests in the book, you can extend CRM concepts well beyond the cockpit trying to make of it a change management program.

CRM, in civilian and military organizations, means a way to work but we can find incompatibilities between CRM principles and organizational culture principles. Management have to deal with these contradictions but, if the organizational culture is very strong, it will prevail and management will not deal with the contradictions. They will simply decide for the statu quo ignoring any other option.

Should have CRM saved the many lost lives because of its absence? Perhaps not. There is a paradox in approaches like CRM or, more recently, SMS: They work fine in places where they should be less required and they don’t work in places where its implementation should be a matter of urgency. I’m not trying to play with words but establish a single fact and I would like to do so with an example:

Qantas, the Australian airline, has a highly regarded CRM program and many people, inside and outside that Company, should agree that CRM principles meant a real safety improvement for the Company. Nothing to oppose but let me show it in a different light:

Suppose for a moment that someone decides removing all the CRM programs in the world because of…whatever. Once done, we can ask which companies should be the most affected because of that. Should be Qantas among them? Hard to answer but probably not. Why?

CRM principles work precisely in the places where these principles were already working in the background. Then, CRM brings order and procedures to a previous situation that we could call “CRM without CRM program”, for instance, a low power distance where the subordinate is willing to voice any safety concern. In this case, the improvement is clear. If we suddenly suppress the activity, the culture should keep alive these principles because they fitted with that culture from the very first moment and before.

What happens when CRM principles are against organization culture? Let me put it in short: Make-up. They will accept CRM as well as they accept SMS since they both are mandatory but everyone will know the truth inside the organization. Will CRM save lives in this organizations, even if they are enforced to implement it?

A recent event can answer that: Asiana accident in San Francisco happened because a first officer did not dare to tell his captain that he was unable to land the plane manually (of course, as usual, many more factors were present but this was one of them and extremely important).

Diehl clearly advocates for CRM and I believe he is right and with statistical information who speaks about safety improvement. My point is that improvement is not homogeneous and it happens mainly in places that were already willing to accept CRM principles and, in a non-structured way, they were already working with them.

CRM by itself does not have the power to change the organizational culture in places that reject its principles and the approach should be different. A very good old book, Critical Path Renewal by Beer, Eisenstat and Spector explains clearly why change programs don’t work and they show a different way to get the change in organizations who reject it.

Anyone trying to make a real change should flee from change programs even if we agree with the goals but one-size-fits-all does not work. Some principles, like the ones under CRM or SMS, are valid from safety point of view but, even though everyone will pay lip service to the goals, many organizations won’t accept the changes required to get there. That is still a hard challenge to be completed.

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